domingo, 14 de octubre de 2007

!Embriagaos!, de Charles Baudelaire



Hay que estar siempre borracho. Todo radica ahí: es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo, que destroza vuestras espaldas y os inclina hacia el suelo, es preciso emborracharse sin tregua.


¿Y de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuetro antojo, pero emborrachaos.


Y si alguna vez os despertáis en la escalinata de un palacio, en la verde hierba de un foso, en la mustia soledad de vuestro cuarto, habiendo disminuído o desaparecido la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, gime, rueda, canta y habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el reloj os responderán:


"!Es hora de emborracharse! para no ser esclavos martirizados por el Tiempo, emborrachaos, emborrachaos constantemente, de vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo"

Closer, de Mike Nichols

En esta tarde de resaca a la que me vi arrastrado a causa de la juerga de la noche anterior (hoy es mi único día libre de todo el mes, hay que aprovecharlo) he visto, tras salir a comer a eso de las cinco de la tarde un bocadillo de lomo con queso, la película Closer, del ya talludito Mike Nichols (el del graduado), y me he quedado bastante tocadillo. Desde aquí os la recomiendo a todos, peliculón pesimista (mucho) sobre las relaciones de amor (si se le puede llamar así) entre dos parejas, que se van encontrando y distanciando a lo largo de bastante tiempo. Refleja perfectamente la dificultad de encontrar y conservar el amor (al que los personajes están enganchados, todos ellos) en un mundo en el que el individualismo profundamente egoísta es el principal leit motiv de la mayor parte de la gente. Esta basada en una obra de teatro, que por aquí anda representando Belén Rueda, y éso se nota en el hecho de que los diálogos sean excelentes (aunque en ocasiones demasiado "artísticos" como para resultar veraces, lo que a mi, particularmente, me da igual, prefiero buenos guiones bigger than life que no lenguaje de calle simple y llano) y que los actores "con texto" se reduzcan a esos cuatro de los que hablé, a saber:



Jude Law

Escritor frustrado que encuentra a su musa (Natalie Portman) por casualidad, tras sufrir ésta un accidente de tráfico, en lo que es un inicio de película espléndido. Es el personaje más egoísta con diferencia, al menos para mí, caprichoso y llorón, incapaz de amar a quien tiene delante pero con una capacidad muy alta de hacer daño a causa de su postura vital completamente egocéntrica. La escena en la que abandona a Natalie Portman es brutal.


Jude Law:-Esto va a hacer daño. Estoy enamorado de Anna. Hace un año que nos estamos viendo. (...)

Natalie Portman:- Todavia me deseas?

- Claro!

- Mientes. Ya hice ese papel... Abrazame... Te hago gracia pero te aburro. Me has querido de verdad?

- Siempre te querré, odio hacerte daño.

- Y porque lo haces?

- Por que soy egoista y creo que seré más feliz con ella.

- No es verdad. Me echarás de menos. Nadie te querrá tanto como te quiero yo. Por qué no te basta con el amor.



Natalie Portman

Impresionante mujer, su personaje es la gran víctima de todo el tinglado. Chica en apariencia frágil, camarera (antes stripper, oficio al que regresará cuando Jude Law la abandona), con una mirada dulce que derrite a las piedras, y con unas ganas irrefrenables de amar. Algo que no es fácil debido al elemento con el que se ha juntado. Su mejor escena es sin duda la de la cabina de stripper, junto con Clive Owen, en la que ella demuestra tener una personalidad mucho más fuerte de lo que parecía.


"Mentir es la mejor cosa que puede hacer una chica sin quitarse la ropa. Pero es más divertido si lo hace."



Julia Roberts

Fotógrafa a la que Jude conoce tras sacarse las fotos para la portada de su primer libro. Desde ese momento Jude se dedica a intentar acostarse con ella, dejando bastante abandonada su relación con Natalie (tonto, que es tonto). El personaje de Julia es una mujer fácilmente depresiva, que vaga en un mar de inquietudes sexuales y amorosas entre los dos hombres. Me gusta la definición que de ella hace su marido, Clive Owen: "Los depresivos no quieren ser felices, quieren ser infelices para confirmar su depresión. Si son felices no están deprimidos y tienen que salir al mundo a vivir, lo cual puede ser deprimente".Me quedo con la escena en la que abandona a Clive Owen, en la que los dos despliegan un lenguaje muy fuerte, que choca con la imagen que hasta entonces tenía de ella.



Clive Owen:-"¿Te folla bien?"
Julia Roberts-"Si"
-"¿Mejor que yo?"
-"Diferente"
-"¿En qué?"
-"Más tierno"
-"¿Te gusta chupársela?"
-"Si"
-"¿Te gusta que se corra en tu cara?"
-"Si"
-"¿Y cómo le sabe?"
-"Como a tí, pero más dulce"
-"Así me gusta, gracias, gracias por tu franqueza, y ahora vete a tomar por culo, puta chiflada de mierda."


Clive Owen

Personaje bastante honesto, al fin de cuentas, no es mentiroso y, como todos, está deseando amar pero es incapaz de conseguirlo. Es, a pesar de su profesión de médico, un auténtico gañanazo, con una apariencia agresiva aunque jamás hará uso de su superioridad física (como sí hace Jude Law con su chica). Su gran frase: "¿Por qué es tan importante el sexo? Porque soy un puto cavernícola".



El caso es que es una gran película, absolutamente franca e inteligente sobre las relaciones humanas en este tiempo que nos ha tocado vivir, con unos diálogos tremendamente duros y ágiles, cuatro actores perfectamente dirigidos y una sensación de que todo es una mierda y de que el género humano está podrido hasta la médula, o, como diría Bukowski, "estas y otras cosas demuestran que el mundo gira sobre un eje podrido"

lunes, 8 de octubre de 2007

La fórmula de la felicidad del Sr. Punset




Hace ya bastante tiempo que me leí el libro del señor raro de la Dos, Eduardo Punset, en el que daba ciertas indicaciones básicas para alcanzar lo que todos ansiamos desde que somos pequeños: La felicidad. La expondré a continuación, a ver qué os parece y si estais de acuerdo o no. La fórmula es la siguiente:



Desglosemos la formulilla en cuestión: (perdón, no sé si de dice así, soy de letras integral)

En el numerador de la fórmula aparecen lo que Punset llama los "Factores significativos en los índices de felicidad, a saber:
E (emoción): Éste factor multiplica los restantes. Si carecemos de ella, nada de lo restante tendrá valor. Si nuestro proyecto (de vida o profesional), no nos provoca EMOCIÓN, difícilmente podrá aumentar nuestro grado de felicidad.

M (mantenimiento). Punset afirma que hay que dedicar más recursos al mantenimiento y menos a la inversión, cuidando los detalles de todo aquello que hagamos.

B (búsqueda). En la búsqueda y expectativa radica uno de los factores básicos de la feliidad. En la vida cotidiana supone cambiar el ensimismamiento por el espíritu multidisciplinar y la capacidad metafórica.

P (relaciones personales). Para él, ocupa un espacio importantísimo en la fórmula.


En el denominador, vemos dos factores:

R (factores reductores de la felicidad): Entre ellos, indica los siguienes:
R1: Ausencia de desaprendizaje: "el pesado fardo del pensamiento y de las convicciones que no han sido sometidas al análisis de la experimentación y la prueba es inversamente proporcional a los índices de felicidad"

R2:Predominio del Miedo. Cuanto más miedo, menos felicidad. Es bastante claro.

C (carga heredada):

C1: Mutaciones lesivas: las típicas putadillas genéticas que nos sobrevivenen a lo largo de la vida.

C2: El desgaste de los materiales: Uséase, el envejecimiento.

C3: Ejercicio abyecto del poder político. Por lo que son más felices en Corea del Sur que en la del Norte, por ejemplo.

C4: Estrés imaginado: Nos basta con imaginarnos una situación de estrés para ponernos nerviosos y comenzar una revolución hormonal.

Pues bien, ésta es la fórmula de la felicidad del Sr. Punset. Y no es un libro de autoayuda, a pesar de lo que pueda parecer este comentario.

viernes, 5 de octubre de 2007

L´atalante, de Jean Vigo

Hace ya una semana y pico que fui, junto a Laana y Cum Gladio, al cutre-cine a ver esta pequeña joya del cine impresionista francés. Yo en mi vida había visto cosa tal, y a lo mejor si la hubiese visto en mi casa no hubiese acabado de verla, pero el caso es que estando allí no era plan el irse, haciendo levantarse a toda la fila, en su mayor parte integrada por señoronas de visones y pelos oxigenados y cardados. De todos modos, me alegro por haberme quedado hasta el final, porque la cosa merece la pena. el argumento es muy simple: una mujer (impresionante Dita Parlo, belleza finisecular inquietante) se casa con un marinero, patrón del barco que da nombre a la película. Tras la boda, se embarcan, y vemos como se suceden episodios de su vida íntima sin que el conflicto aparezca explícitamente. Más bien nos vamos dando cuenta de que la mujer cada vez de aburre más, ella desea ver algo más de lo que él le enseña ("Ella quiso barcos y el no supo qué pescar", como diría Sabina), y al final, tras la negativa del hombre de enseñarle París, ella decide irse por su cuenta a verlo, tras encandilarse por un charlatán de feria, uno de los personajes más simpáticos, a la vez que un tanto rallante. Su marido, al darse cuenta de que ella se ha ido, piensa que lo ha abandonado definitivamente y zarpa con el Atalante. Cuando ella vuelve al puerto, encuentra el sitio...y entonces comienzan los dos sus respectivos purgatorios de soledad y tristeza, dando tumbos por el mundo hasta que gracias al viejo marinero que los acompañaba en el barco, se reencuentran y todo acaba con un beso apasionado por la cubierta. Es ese viejo marinero al que da vida Michael Simon el personaje más carismático de la película, un borrachín que se ha recorrido el mundo entero en su barco, y que lleva en su cuerpo, en forma de tatuajes, las señales de una larga vida llena de emociones, amoríos y batallas perdidas.
Lo más interesante es el tratamiento que se le da a las imágenes, las sensaciones que provocan esos planos impresionantes de ella caminando por la cubierta, o la atmósfera conseguida en los bares de París...bueno, no sé, conocía el impresionismo por la pintura, pero jamás había tenido la oportunidad de verlo en el cine. Merece la pena el esfuerzo, además, no es muy larga.

Y ella es taaaaan riquiña







Tras su escapada,se encuentra con la plaza de aparcamiento...


En pleno infierno, él decide sumergirse en el mar para así conseguir ver el rostro de su amada...

jueves, 4 de octubre de 2007

Klimt, de Raoul Ruiz


Ayer a la noche, despué de la siesta de tres horas y media que me había metido entre pecho y espalda, tenía claro que no lo iba a tener fácil para conciliar el sueño, por lo que a eso de la una decidí ponerme una peli de las que había bajado hace tiempo, en la gloriosa época de estrenosdivx.com, justo antes de que las autoridades la cerraran para desconsuelo de un servidor. Pues bien, tras echar un vistazo en el maletín de dvd´s, me decidí por este biopic del genial pintor vienés, de un tiempo a esta parte convertido en uno de los artistas de los que más láminas se venden, no hay más que echar un vistazo en páginas como allposters.com (la mejor, hay de todo, señores, de todo). Recuerdo que en mis tiempos de estudiante era, junto a Munch y los prerrafalistas varios, uno de los pintores que más me gustaba, por esa mezcla de decadentismo decimonónico y de religiosidad bizantina, que permite tratar al cuerpo de la mujer como si de una divinidad pagana se tratase.
El caso es que bueno, la película está protagonizada por John Malkovich en el papel de Klimt, y ahí se acaba lo bueno. Es mala, pero mala con avaricia, mala con ganas, con saña y ni aún queriéndola hacer mala a propósito le habría salido tan mala. Una vez acabada uno no sabe si le han tomado el pelo o si el director es tonto de remate o nos hace querer parecer tontos a los pobres espectadores. La trama está basada en flashbacks, suponemos que son los pensamientos que el moribundo pintor tiene en sus últimos momentos de vida, mientras se haya postrado en una especie de cama/bañera tras sufrir una apoplejía que lo deja paralítico de medio lado a lo que se suma una gripe que acabará con su vida. Pero bueno, el caso es que todo pasa ante nosotros sin que nos importe una mierda la vida de este hombre, que es lo que se supone que nos ha atraído para ver esta basura fílmica. lo vemos atormentado, persiguiendo a una mujer ideal de la que se enamora perdidamente, pero que vamos, que nos la trae floja lo que le pase, y eso que es John Malkovich, si llega a ser otro ni te cuento. Aparecen por ahí también Meliès (el del viaje a la Luna), y Egon Schiele, encarnado por el hijo de Klaus Kinski, Nikolai Kinski, que parece sacado de una peli de Tim Burton, no pegando nada con el resto de actores, estando absolutamente disparado en su interpretación, digno hijo de su padre, pero sin la mirada de loco perturbado que tenía aquel.

No sé, creo que la vida de este tipo merecía bastante más que lo que Raoul Ruiz ha malparido en esta ocasión.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Una tarde en cama. ¡Estoy enfermo!


Hacía tiempo que no me pasaba una tarde entera en casa, pero es lo que tiene el estar enfermiño y mañana tener que trabajar de mañana y de tarde. Ayer la cosa ya apuntaba maneras, digamos que al hablar me dolía un poco, al respirar me recordaba a Coll (es decir, sonaba como una cafetera vieja o un elefante ressoplando), y el tabaco me sabía a una especie de mezcla de amoníaco y caca. El caso es que hoy me desperté con la cabeza embotada por la mocada mayúscula, pero no lo suficientemente mal como para no ir a trabajar. Una vez allí, me dí cuenta de que mucho no podía hacer, pero bueno, siempre se le da un pie a los compañeros, por lo que me quedé toda la jornada, a pesar de que me dormí en los cinco minutos en los que mi patrón no me miraba. Llegué a casa, y me metí en cama después de hacerme unos filetillos de cerdo con pimientos de padrón, y allí me quedé, dormido, de cuatro a siete y media. Buff, sudadndo como un pollo al espeto me levanté y me zampé media barra de pan con chocolate suizo (De Suiza....). Lo bueno de todo ésto es que es de las pocas veces en las queme encuentro demasiado mal como para dedicarme a nada productivo, por lo que me enganché al libro "El Coronel no tiene quién le escriba", y allí me puse mano a mano hasta que me lo acabé con extenso prólogo incluído. No había leído nada del autor, excepto el que mandan leer en COU, "Crónica de una muerte anunciada", y he de decir que tengo cierto prejuicio sobre él y sus obras, pero la verdad es que éste me encantó, más que una novela es un cuento largo, de profundo calado marxista, digno hijo de su tiempo (década de los 50), pero con personajes y descripciones muy bien definidos. A ver si me hago con algo más de él (me apetecía La Hojarasca, que trata de un pueblo y sus debates sobre si ahorcar o no a alguien, vamos, éso creo, no estoy muy seguro, pero es la primera novela que escribió).
Bueno, espero pasar una buena noche libre de mocos.

lunes, 1 de octubre de 2007

Mi trauma con el Exorcista


Aprovechando que esta película ha quedado de primera en la última encuesta, con un 38% de los votos, lo que me llena de regocijo y satisfacción, contaré un poco mis razones para considerarla la mejor película de terror de todos los tiempos.
La primera vez que la vi era un churumbel de más o menos unos diez años. Recuerdo aquella noche perfectamente. Con mi madre y mi hermana en casa, la daban por la televisión...no podía dar crédito a lo que ante mis ojos pasaba. La niña, el cura, toda aquella atmósfera de terror primigenio y absoluto. Para mi, la vida cambió en ese momento. Todos mis miedos infantiles salieron a flote y no pude acabar de verla. No sé el momento justo, pero sé que no llegué siquiera al final, a lo que es el exorcismo en sí. Creo recordar que me eché a llorar y mi madre tuvo que dormir conmigo esa noche, asegurándome de que no estaba poseído y que esas cosas no sucedían en realidad. Claaaaaaro, mamá, claro. Evidentemente, no me lo creí.

Pasó el tiempo y llegué a los doce años, los mismos que la pobre Reagan tiene cuando es poseída por el Maligno. He de decir que durante todo este tiempo yo creía en el Infierno, en el Demonio, y en toda esa mitología cristiana que, entre hostia y ostia, nos inculcaban en los Salts-and-asses. Y, evidentemente, también pensaba que yo era una víctima absolutamente deliciosa para que el Gran Satán entrase en mí y me hiciese vomitar la papilla del primer desayuno y hablar con latinajos. Pues bien, era tal el pavor que le tenía a la puta niña ésa que era verla en cualquier libro o revista que tuviese por casa y me cagaba de miedo durante por lo menos dos días. Lo peor recuerdo que era ir por el pasillo de mi casa a oscuras, siempre me imaginaba que al encender cualquier luz la iba a tener delante, con sus llagas pustulentas y sus ojos gatunos. Lo que más temía por aquel entonces, además de quedarme ciego al ponerme el jersey (no me preguntéis porqué, pero a éso le tenía pánico), era que en el momento de mi muerte, la última imagen que recordase fuese la cara de la niña satánica. Buff, éso me daba auténtica cagalera y desasosiego.

Pero mi vida continuó entre estudios, amiguetes, roles varios e intentos infructuosos de apareamiento, hasta que el siguiente hito en mi relación con la peli maligna fue comprármela en vídeo, con unos 16 añetes. Venía en un pack, de esos que salen en Septiembre para coleccionar fascículos, junto con Aliens. Me la compré para quitarme el trauma, y como terapia de choque, me la veía todos los días. Y no es broma o exageración. Todos los días. Desde el principio en Afganistán, o Irán, o donde quiera que sea, hasta el beso final de Linda Blair (de aquellas ya sabía su nombre), ya recuperda, al cura joven que la va a despedir. La cosa funcionó, del pavor absoluto pasé a aceptarla como una gran película, el horror dio paso al disfrute, y el miedo a la fascinación.
Y he de decir desde aquí lo que creo que es la base para que la película funcione del modo en el que funciona. No se trata de únicamente el miedo al Maligno, cosa que hace ya tiempo que he superado gracias a mi paso personal del Mito al Logos. Es el miedo a perder nuestra identidad, lo que somos, a causa de una enfermedad degenerativa que nos haga sumirnos en nuestro propio infierno personal, y a éso, amiguetes y amiguetas, todos le tenemos un poco de respeto.



Bonito resumen de la obra maestra